El famoso periodista David Frost, en una inesperada entrevista en un ascensor con María Alejandra Bejarano, dijo “El oficio de ser periodista es una inagotable partida de ajedrez que debe ser utilizado con armas como la espontaneidad y la inteligencia”, la periodista cuenta su inolvidable experiencia por medio de esta crónica.
Eran las 5 de la tarde. ¡falta media hora para la entrevista! pensé después de ver el reloj de largas y anchas manecillas que sobresalían en lo alto de un hermoso edificio de vidrios gruesos y grandes puertas de marfil que marcaban la elegancia de uno de los canales periodísticos más importantes a nivel mundial.
Cómo es costumbre mía llegar a todas las citas puntualmente, ésta no podía ser la excepción. Y no porque se tratara de una entrevista de trabajo para uno de los canales más importantes del mundo, sino porque era una oportunidad que había esperado a lo largo de mi vida, “convertirme en la periodista oficial de esa cadena de televisión”. Así que entré al edificio con una mirada agradable, caminé muy segura y me dirigí hacia el ascensor, pero algo no andaba bien, mis manos estaban frías y sentía hormigueos que segundo a segundo carcomían mi estómago. Estaba atemorizada.
Subí al ascensor, no había nadie, oprimí el botón que me dirigiría al piso 20, y mientras ascendía, me miraba en el espejo verificando que todo estuviera perfecto. El ascensor se detuvo en el piso 6, subió un señor de ojos azul tenue, de pelo blanco, la expresión de su cara era fresca y tranquila, mirarlo a los ojos era como vislumbrar un mundo desconocido, pero al mismo tiempo, interesante.
Segundos después, con su voz gruesa y ronca, y con un francés perfecto y fascinante me dijo: ¡bon jour!, su sonrisa resplandecía y generaba un brillo en su cara que he de aceptar, logró cautivarme. Sonreí y sin tener ni siquiera idea de quien tenía en frente, le dije de la manera más sutil, ¿Ça va bien?
Mientras le respondía, una mujer alemana bastante atractiva que con un estilo muy particular, le decía: Sr Frost, are you ok? La expresión de mi cara cambió, e inmediatamente sin pensarlo, no dudé en preguntarle si era el mismo David Frost de la película que años atrás había visto en una clase en la universidad, si era el mismo Frost que cambió el curso de la historia del periodismo…Rió a carcajadas, yo no entendía por qué, ¿tal vez le parecería estúpido que le preguntara eso?, así que, sorprendida por su reacción repetí la pregunta… me dijo que sí, que era el mismo atractivo y simpático periodista de la película.
Tenía tantas cosas que decirle, había soñado tantas veces con ese momento, que me parecía increíble tenerlo en frente, el hormigueo que minutos antes había sentido en mi estómago, había desaparecido y junto a él la frialdad de mis manos. En cuestión de segundos volví a ser la mujer extrovertida, simpática y fresca de siempre, le hice varias preguntas, una tras otra de la manera más espontánea y sutil.
Hablamos como dos amigos que se conocían de mucho tiempo atrás, sin duda fue una buena conversación, aunque eso si, no muy larga, pues el asensor en cualquier momento llegaría a su destino, que al mismo tiempo significaba el final de mi entrevista, el final de la conversación y junto a ella la oportunidad de tenerlo en frente.
Le pregunté sobre su percepción de las entrevistas que se ven actualmente en la televisión a diferentes mandatarios y políticos mundiales y fue muy interesante porque después de un largo suspiro, me respondió que hoy en día, los entrevistados contestan con una frase y, en una exhalación, cambian de tema.
Me dijo: “el truco está en la espontaneidad, eso es algo que no se aprende” nos toca contrarrestar con una nueva pericia.
-¿una nueva pericia?, le pregunté sorprendida y resondió afirmativamente.
¿utilizar la espontaneidad como arma? volví a preguntarle, algo inquieta y dudando un poco de las respuestas a mis preguntas. Después de milésismas de segundo, -que para mí significaron todo lo contrario- y con su mano en el mentón, como quien piensa dos veces antes de contestar, me cogió el hombro con su mano derecha y me dijo: mira, ahora ya no se emplea un lenguaje confuso porque tanto la audiencia como los periodistas nos hemos percatado de la obviedad, este oficio es una inagotable partida de ajedrez que debe ser utilizado con armas, no sólo como la espontaneidad, sino con la inteligencia.
el asensor acababa de parar, era el piso 15. Estaba a 5 pisos de terminar tan increíble encuentro y me angustiaba pensar que no tenía mucho tiempo y que no podía detener el asensor, así q discimuladamente oprimí un botón, no sé cual era, pero necesitaba tiempo.
-o más bien, ¿Sabe qué? hay es que ser más cínicos, me dijo. Inmediatamente reaccioné con un ¿qué? ¿Perdón? ¿Escuché bien? ¿Ud dijo cínicos? me impactó tanto su respuesta que me inquieté por cuestionar su posición.
-¿no cree que son peores los políticos ahora que antes?
- no, pero tampoco observo ningún líder dorado.
-¿ninguno? me fue imposible no refutar su respuesta, pues lo cuestioné con temas referentes a Donald Rumsfeld, -secretario de defensa de Estados Unidos, denunciado por crímenes de guerra y últimamente por operación pandemia, razón, o excusa diría yo, por las cuales millones de personas mueren anualmente y manipulan esos datos para lucrarse-.
Entonces le dije, Sr. Frost, aún conociendo éste dato, ¿insiste Ud. en que no son peores los políticos ahora? Con la cara pálida y estremecida, no tuvo nada más que decir, mientras ese largo pero crudo silencio transcurría, yo pensaba en que lo que acababa de lograr, callarlo. Inmediatamente rompí el silencio, le conté el motivo de mi visita a ese edificio, se sorprendió al saber que en cuestión de minutos me jugaría el ganar o perder el sueño más importante de mi vida.
El futuro de tu entrevista está en su gracia y estilo,-me dijo- “yo por ejemplo, tenía una forma de plantear preguntas y respuestas cautivadoras”, sonriendo dijo, ¿sabe que lo logró? hasta sería una buena descripción para mi epitafio….
Había llegado a mi destino, el piso 20, le agradecí al Sr. Frost, y con una sonrisa y un "a revoir…" Salí lentamente del ascensor…. Y en el momento en el que volteé a dar mi adiós, me dijo: “pasa a la sala a firmar tu contrato, yo, soy el presidente de este importante canal y estás contratada” ….
No tuve nada más que decir, tal vez corrí con la misma suerte de Frost, en mi caso no fue una llamada, pero tal vez, si no me hubiera cruzado en el ascensor con él, éste trabajo, no sería mío…..
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